1. Piña costarricense para el mundo.
El ingreso por ventas al exterior colocó a la piña por encima del tradicional
cultivo de café ($253 millones en el 2007) y apenas por debajo del banano ($660
millones en el 2007) entre los bienes agrícolas.
Esta producción la llevan a cabo unas 31 empresas, de las cuales no se sabe con
certeza si son individuales, divisiones de otras o empresas de un mismo dueño.
Asimismo es comercializada por 7 grandes compañías, entre las que destacan
DOLE, DEL MONTE, FYFFES, CHIQUITA
Los mercados de exportación de la piña costarricense están bastante
diversificados, siendo los principales Estados Unidos y Europa. En el caso de
Europa, Costa Rica exporta el aproximadamente el 38% del total consumido, unas
372 mil toneladas métricas, siendo por esto el mayor suplidor para el mercado
europeo, arriba de los países asociados a la Unión Europea que exportan el 36%
del total.
2. Costa Rica es uno, sino el más grande exportador de piñas del mundo. ¿A
qué costo?
Este aumento enorme de área sembrada para satisfacer la demanda mundial acarrea
problemas, que van desde lo ambiental, hasta lo económico, pasando inclusive
por otros problemas sociales marcados en las zonas de producción, las cuales,
en su expansión reciente, han tomado tierras del Caribe central y Norte del
país.
Problemas como contaminación de aguas destinadas al consumo humano,
contaminación en ríos, destrucción de bosques secundarios de manera
indiscriminada, presión a pobladores para que vendan sus propiedades, problemas
en el aumento de plagas como moscas, malos olores, desvío de aguas de ríos,
aumento y proliferación de enfermedades respiratorias, de la piel y de
articulaciones, son solo algunos de los efectos ya estudiados por varias
organizaciones, entre ellas nuestra Asociación.
El problema central para ASEPROLA es el tema laboral: la necesidad urgente de
trabajar de una población altamente deprimida de Costa Rica y una compleja
población migrante interna y externa, hacen de este un tema particularmente
delicado.
Largas jornadas laborales, contratos ilegales y en el mejor de los casos el uso
de la contratación por medio de personas u organizaciones tercerizadoras
(contratistas), la misma intolerancia empresarial hacia la posibilidad de
asociarse en organizaciones laborales de trabajadores como sindicatos, hacen de
esta actividad, en el tema laboral, una copia exacta de las condiciones
precarias que viven las personas trabajadoras en las bananeras del país,
asentadas en las mismas zonas de expansión.
Tanto es así que la misma lógica de producción, comercialización,
exportación y distribución mundial de la piña, sigue el libreto de la actividad
bananera.
Eso no es de extrañar pues son las mismas compañías transnacionales del banano
las que llevan el grueso de esa actividad, tales como Chiquita, DOLE, Del
Monte, por decir tres de las más fuertes y conocidas.
De la misma manera, la cantidad de insumos químicos utilizados para la
producción de piña supera por mucho la utilizada en la producción bananera, por
la particularidad de la fruta y su ciclo productivo, el cual se debe acelerar
en función de la demanda mundial. Se considera que de cada tonelada de químico
utilizado en la siembra de la piña, un porcentaje mayor al 60% va directamente
al ambiente, el otro porcentaje de químicos quedan fijados en la fruta. La
diferencia con los bananos es que por su estructura física, el banano
finalmente no recibe en su pulpa comestible químico alguno, mientras que en la
piña está claro que absorbe tales productos quedando impregnada en su cáscara y
en su pulpa.
Por un lado, la contaminación ambiental ya está comprobada, evidente en la
eliminación de bosques secundarios y de especies silvestres en las zonas de
producciónl. Por otro lado la actividad intensiva de la recolección y empaque
de la piña, está desarrollando enfermedades en las articulaciones de las
personas, así como la exposición a los químicos produce enfermedades
comprobadas en la piel y el sistema respiratorio.
3. La satisfacción del mercado mundial de la piña pasa por una producción
que genera un caos generalizado
Esta lógica hace que los empresarios proveedores y las compañías
trasnacionales, tengan poca o nula previsión con tales problemas sociales, de
salud y ambientales, privilegiando la producción sobre la seguridad humana y
ambiental.
Entonces, la lógica comercial indica que tal producción, no debería estar
“amarrada” a algunas disposiciones tales como permisos “excesivos”, leyes
fuertes, o presiones de personas u organizaciones. Este mismo pensamiento hace
que tales estructuras productivas busquen mayores facilidades de producción que
se convierten en las peores condiciones de manejo de personal, de manejo
ambiental, etc. Es decir, se produce en tanto esta producción sea “beneficiosa”
para la compañía y cuando se les exige que respeten derechos, su respuesta es
¡Cerramos!. Una estrategia tan vieja como la misma actividad bananera
costarricense.
Es lógico, pues mitigar el impacto ambiental, gastar en infraestructura
productiva, pagar salarios justos y respetar las prestaciones, la salud y la
seguridad de las personas trabajadoras, tal y como lo establece la ley,
representa un gasto que afectará las ganancias de las compañías.
Por tanto, cuando la ley les impide una producción descontrolada y des-regulada
cierran y se van; alegan en las comunidades y a la opinión pública nacional
inseguridad jurídica, exceso de normas, excesivas cargas sociales: “no los
dejan producir y su cierre es culpa de las organizaciones, personas y sindicatos
“. Esta es la falacia más usada y más miserable que existe.
4. No se desea que las empresas cierren o que no ofrezcan trabajo, pero este
debe ser acorde a la ley vigente y a las disposiciones ambientales, económicas
y sociales
La producción de piña es una importante fuente de empleo en las zonas donde
estas plantaciones se ubican, pero esa necesidad ha sido interpretada como un
“permiso” para ignorar las leyes que exigen condiciones justas de remuneración
y de seguridad social. Alguien indicó que la escogencia entre trabajo y
derechos era lo que mandaba ahora, esa nefasta lógica implica que las
personas deben escoger entre “trabajo” y “trabajo con derechos”.
Las organizaciones dentro del área de la producción nunca han deseado la
pérdida de empleos, pero si un apego a las leyes laborales acompañado de un uso
sostenible de la tierra, que no atente contra la salud humana, ambiental y
ofrezca medidas claras de mitigación de impacto.
Si una empresa cierra sus operaciones, como está pasando en el Caribe costarricense,
no es por la presión social, sino por el incumplimiento sostenido de las normas
sociales y ambientales, contando en muchos casos con la complacencia de
autoridades de entidades públicas, cómplices en unos casos, negligentes en
otros.
5. La denuncia no desprestigia, el incumplimiento Sí. ¿Quién desprestigia a
quién?
ASEPROLA reitera que el objetivo de las organizaciones denunciantes no es
cerrar fuentes de trabajo o impedir las jugosas ganancias que tienen las
empresas, y reconoce que el justo equilibrio entre ambas partes hace crecer
social, económica y ambientalmente un país.
El viejo pretexto de que toda denuncia a la agro-exportación es producto de una
campaña de desprestigio por parte de las organizaciones sociales no se hace
esperar. Una reciente investigación realizada por OXFAM-Alemania, denuncia una
serie de irregularidades, tanto en las plantaciones de piña como en las cadenas
de comercialización. Se nos dice entonces, que las violaciones laborales
comprobadas, las violaciones ambientales comprobadas, la evasión de la ley
forestal, de aguas, la no-tenencia de estudios de impacto comprobados por
autoridades serias e investigaciones serias, son una campaña de desprestigio,
pero ASEPROLA sabe que en realidad el desprestigio es causado directamente por
los violadores de la ley.
Entonces el desprestigio de una producción como la de la piña en Costa Rica no
es causado por la denuncia social, sino por la empresa que incumple las
disposiciones de la sostenibilidad económica, social y cultural del país.
Pareciera que el desprestigio es directamente proporcional a la violación de
las leyes por parte del empresario, pero este invierte la ecuación haciendo que
las personas en el mundo crean que ello no cometen violaciones, sino que la
sociedad no desea que el trabaje para desarrollar una región o país, lo cual es
una falacia.
Por tanto, no salgan manifestando que hay una campaña de difamación, cubriendo
así su violación, hagan lo que la ley manda y nadie les reprochara nada, que el
desprestigio mundial lo construyeron, lo evidenciaron y lo perpetraron los que
violan y no los que denuncian.
6. Mientras tanto, la piña se consume más en Europa y Estados Unidos y la
población y más los supermercados, quizá sabiendo o sin saber, compulsan a las
empresas a seguir con estas prácticas salvajes
Si Europa, en especial los consumidores finales y los vendedores minoristas
(supermercados) de la piña, realmente están interesados en poner un alto a esta
lógica de agresión social – ambiental, deberían tomar decisiones serias en
torno a exigencias fuertes a las compañías que les proveen las piñas.
Se debería de solicitar que en las fincas, la producción de la piña se haga con
una visión más sostenible, tanto ambiental como social, esto debería de
certificarse mediante controles y verificaciones constantes con participación
de las partes involucradas y en ningún modo, con las ya des actualizadas y poco
creíbles certificaciones de “calidad social”,“ambiental” o “laboral”, que
llevan a cabo compañías certificadoras que en algunos casos son formadas o
dirigidas por las mismas compañías productoras y en todo caso, que no desean
perder la posibilidad de certificar, no por que esto signifique un paso atrás
en la defensa humana y ambiental, sino que les significa menos ingresos o su
quiebra.
Se debería solicitar que las piñas que ingresen al los supermercados sean de
fincas en donde los dueños y las mismas compañías, en ningún caso, violenten
los derechos de las personas trabajadoras a tener una jornada laboral legal, un
salario justo, a una contratación acorde a las leyes, a su seguridad social y
su derecho a las prestaciones sociales. Nada que no sea lo que es estrictamente
legal.
Se debería solicitar que en las fincas de piña que se produce para exportar
hacia los minoristas europeos, sea totalmente comprobable el respeto de la ley
nacional y los convenios internacionales en materia de derechos colectivos, de
tal manera que las personas trabajadoras puedan decidir por su propia voluntad,
crear su organización sindical, sin que medie en esto presiones, coacciones o
despidos por un derecho consagrado en leyes nacionales y tratados
internacionales firmados.
Las comprobaciones de estos seguimientos, deberá de llevarse a cabo en común
acuerdo entre empresas productoras, organizaciones sociales y laborales y
autoridades e instituciones especializadas. Así se garantiza que el producto
final al consumidor tenga un sello de aprobación más creíble y satisfactoria.
Solicitar esto a una empresa es solicitar exclusivamente que cumpla con la ley
actual. No se le esta solicitando siquiera que vaya “más allá” de eso, aunque
si deciden hacer la llamada “responsabilidad social corporativa” que la hagan,
pero antes deben de cumplir sus deberes legales.
La petición no es que se deje de comprar piñas, pues tampoco creemos que esto
sea beneficioso para las personas que ya trabajan en nuestro país. Lo que queda
es apelar a la voluntad de las personas consumidoras para que reflexionen
críticamente sobre sus hábitos de consumo, y de los vendedores minoristas de
las piñas en Europa, para que utilicen su fuerza consumidora en procura de
cambiar las condiciones impuestas por las compañías transnacionales de la piña.
El fin es lograr que tanto la persona que produce la piña en el campo tenga posibilidad de darle a su familia una vida digna, como a la familia que consume en Europa, la tranquilidad de lo que se come no está siendo producido mediante la explotación de las personas y el daño al medio ambiente.